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10/03/26

Muchos días fantaseo con esa vida. Con pasear por calles extranjeras, comprar en comercios donde se habla otro idioma, criar a mis hijos en una cultura totalmente diferente a la actual e incluso despertarme cada mañana en una ciudad con un clima radicalmente opuesto al de Murcia.

mujer mirando un libro en Milán


Quizá por eso, de vez en cuando, vuelvo a una decisión que tomé cuando tenía 20 años.

Una decisión que en aquel momento no me pareció demasiado importante.

Pero que, veinte años después, todavía me hace preguntarme:

¿Qué habría pasado si hubiera dicho que sí?

Joven estudiante de arquitectura mirando planos frente a un edificio italiano en Florencia
Hay vidas que no vivimos y que, de vez en cuando, vuelven a visitarnos.

Te pongo en contexto.

Allá por 2005, yo estudiaba diseño en la Escuela de Artes y nos ofrecieron una beca Da Vinci, algo parecido a la Erasmus pero para estudiantes de Artes.

El plan era sencillo: vivir seis meses en una ciudad italiana, terminar los estudios allí y volver.

Nada especialmente extraño hoy en día, pero estamos hablando de hace más de veinte años.

Se lo mencioné de pasada a mi entorno: familia, pareja, amigos…

Y la reacción de la mayoría fue de miedo, incertidumbre, incredulidad.

Y yo lo dejé pasar.

Ni siquiera me molesté en conocer los requisitos, las condiciones o profundizar demasiado en qué consistía aquella oportunidad.

Seis meses fuera.

Ni loca.

Aquí tenía trabajo, pareja, una casa a medio construir y una vida totalmente planificada y organizada. Una vida en la que no cabía un parón de tanto tiempo.

Porque sí.

Seis meses me parecían una eternidad.

El destino era Florencia

Florencia era para mi yo de 20 años una posibilidad enorme colocada justo delante de mí.

Una de esas oportunidades que, vistas desde la distancia, parecen escritas para una película: una chica joven, una ciudad italiana, arte, arquitectura, aprender, conocer gente, estar lejos de todo lo conocido.

Y yo dije que no.

No recuerdo haber vivido aquella decisión como una gran tragedia.

Creo que simplemente había demasiadas cosas que ya estaban en marcha.

Quizá incluso me parecía irresponsable hacerlo.

Quizá pensaba que ya tendría otras oportunidades.

Quizá simplemente no estaba preparada para irme.

Y la vida siguió.

En 2008 llegó la crisis económica.

Llegó mi despido.

Llegó mi boda.

Y después llegó todo lo demás.

La vida que había empezado a construir se convirtió en la vida que viví durante muchos años.

Y Florencia se quedó allí, en algún lugar de mi memoria, como esas puertas que cerramos sin saber que quizá no volveremos a encontrarlas.

La pregunta que vuelve veinte años después

Durante mucho tiempo no pensé demasiado en aquella beca.

Hasta que, de vez en cuando, aparece la pregunta.

¿Qué habría pasado?

No es una pregunta que me haga para lamentarme.

No pienso que mi vida habría sido mejor si hubiera ido.

Tampoco sé si habría sido peor.

Quizá habría vuelto a los seis meses y habría continuado exactamente donde lo dejé.

Quizá habría descubierto que la arquitectura no era mi camino.

Quizá habría conocido a otras personas y tomado decisiones completamente diferentes.

Quizá habría terminado viviendo en Italia.

Quizá habría vuelto enamorada de alguien.

Quizá habría vuelto enamorada de mí.

O quizá simplemente habría pasado seis meses maravillosos y después habría regresado a casa.

No lo sé.

Y eso es precisamente lo curioso de las vidas que no elegimos:

No podemos saber si eran mejores. Solo podemos imaginar que eran diferentes.

La vida que imaginamos siempre parece mejor

A veces creo que cuando miramos hacia atrás cometemos el error de comparar nuestra vida real con una vida imaginaria a la que le permitimos tener solamente las cosas buenas.

En esa otra vida siempre tenemos el trabajo que nos gusta, conocemos a las personas adecuadas, viajamos, nos atrevemos, tenemos más dinero, somos más libres y tomamos las decisiones correctas.

Nunca imaginamos los problemas de esa vida.

Nunca ponemos una crisis económica en Florencia.

Nunca nos quedamos sin trabajo allí.

Nunca tenemos una ruptura.

Nunca nos sentimos solas.

Nunca nos equivocamos.

Porque esa vida no existe.

Es solo una posibilidad.

Y quizá por eso no quiero mirar a aquella chica de veinte años y decirle que se equivocó.

No creo que se equivocara.

Tomó una decisión con lo que sabía, con lo que quería y con la vida que tenía delante.

Y eso también merece respeto.

Dejar de juzgar a la mujer que fuimos

A veces somos demasiado duras con las mujeres que fuimos.

Las miramos desde el lugar en el que estamos ahora y pensamos:

«¿Cómo pudiste no verlo?»

«¿Por qué no te fuiste?»

«¿Por qué no aprovechaste aquella oportunidad?»

«¿Por qué no elegiste otra cosa?»

Pero aquella mujer todavía no sabía lo que nosotras sabemos hoy.

No sabía que llegarían determinadas personas.

No sabía que algunas relaciones terminarían.

No sabía que habría momentos en los que tendría que reconstruirse.

No sabía quién acabaría siendo.

Y quizá eso sea lo más bonito de mirar atrás.

Entender que no necesitamos juzgar cada decisión de la mujer que fuimos.

A veces basta con acompañarla.

Decirle:

«Hiciste lo que pudiste con la vida que conocías entonces».

Y después preguntarnos algo mucho más interesante.

¿Qué quiero hacer ahora que todavía no he hecho?

Porque tengo 41 años.

Y Florencia ya no es aquella beca.

Pero todavía hay puertas que no he abierto.

Todavía hay lugares a los que no he ido.

Todavía hay proyectos que me dan miedo.

Todavía hay cosas que quiero aprender.

Todavía hay versiones de mí que no conozco.

Y quizá de eso se trate hacerse mayor.

No de dejar de imaginar las vidas que no vivimos.

Sino de dejar de utilizar esas vidas imaginarias para castigarnos y empezar a utilizarlas como pistas.

Porque aquella chica de veinte años quizá no se fue a Florencia.

Pero todavía puede haber algo de aquella chica que quiera viajar.

Crear.

Aprender.

Arriesgarse.

Empezar.

Y esta vez, quizá, escucharla.

¿Y tú? ¿Qué vida no elegiste?

Así que hoy me hago una pregunta que quizá también pueda hacerte tú mientras lees esto:

¿Hay algo que quisiste intentar y todavía te preguntas qué habría pasado?

Y, sobre todo:

¿Todavía quieres intentarlo o ha llegado el momento de despedirte de esa posibilidad?

Porque quizá algunas vidas que no elegimos solo vienen a visitarnos para recordarnos que todavía estamos a tiempo de elegir algo nuevo.

La conversación que nunca tuve: violencia en pareja, separación y pedir ayuda

Hay conversaciones que llegan muchos años tarde. Y, cuando por fin ocurren, te das cuenta de que llevabas mucho tiempo necesitándolas.

sufrir violencia de genero en silencio


El otro día me preguntaron cómo fueron los primeros meses de mi separación. Me quedé pensando porque, aunque han pasado ya unos cuantos años, la verdad es que no tengo un recuerdo demasiado nítido de aquella época. Recuerdo algunas cosas, algunas conversaciones, algunas decisiones que tuve que tomar, pero si intento reconstruir aquellos primeros meses de mi separación, hay muchas lagunas.

No sé si porque mi cabeza necesitaba protegerme, centrarse en sobrevivir y dejar atrás todo aquello lo antes posible, o porque realmente la persona que soy hoy y la que estaba viviendo aquellos momentos eran prácticamente dos personas diferentes.

Y aquella pregunta terminó llevándome a otro momento de mi vida. A una conversación que ocurrió muchos años después, pero que, en realidad, llevaba muchísimo tiempo esperando.

La Navidad pasada tuve una conversación con mi familia y con algunas de mis amigas. Estábamos hablando de aquellos años, de lo que había ocurrido, de lo que cada una había visto o intuido y de todas esas cosas que, aunque estaban delante de nuestros ojos, durante mucho tiempo nadie se atrevió a poner en palabras.

Mientras hablábamos pensé que aquella era la conversación que me habría gustado tener muchos años antes.

Porque hay situaciones en las que ocurre algo muy extraño: todos sabemos que algo está pasando, pero nadie lo dice. Tú sabes que algo está pasando, tu familia lo sabe, tus amigas probablemente también lo saben, pero existe una especie de silencio alrededor de todo aquello.

Y ese silencio puede durar mucho tiempo.

Cuando sabes que algo no está bien, pero todavía no puedes decirlo

A mí me habría encantado poder sentarme en aquel momento con una amiga, con mi madre, con mi hermana o con cualquier persona en la que confiara y decirle simplemente: «Me está pasando esto».

Sin sentir que me iban a juzgar. Sin miedo a lo que pudiera ocurrir después. Sin pensar que estaba metiéndolas a ellas en un problema que no les correspondía.

Durante mucho tiempo tuve la sensación de que lo que estaba pasando era mío y que, por tanto, era yo quien tenía que solucionarlo.

Creo que esto es algo que muchas mujeres que viven violencia dentro de su pareja pueden entender. No siempre existe un momento concreto en el que una piensa: «Estoy sufriendo violencia».

A veces empiezas pensando que tienes problemas de pareja. Que discutís demasiado. Que la relación está pasando por una mala época. Que quizá tú también estás haciendo cosas mal. Que quizá si cambias algunas cosas, él cambiará también.

Y mientras intentas entender qué está pasando, empiezas a esconderlo.

Yo también lo hice.

Cuando empecé a esconder la violencia

Cuando empecé a sufrir violencia, también empecé a esconderme. No ocurrió de un día para otro, sino poco a poco. Dejé de salir tanto, hablaba menos, ponía más excusas y me alejaba de las personas que tenía cerca.

Cuanto más difícil era la situación, más aprendía a ocultarla.

Recuerdo especialmente un día en el que llevaba un golpe. Creo que fue uno de los pocos momentos en los que el golpe era suficientemente visible como para que alguien pudiera preguntarme qué había pasado.

Y alguien me preguntó.

Yo dije que me había caído con la moto.

Lo dije y ya está.

No sé si aquella persona me creyó o simplemente decidió no preguntar más. Pero yo había encontrado una explicación que me permitía seguir adelante sin tener que contar lo que realmente estaba ocurriendo.

Años después tuve una caída con la moto de verdad.

Y aquella vez mi madre me miró y supo inmediatamente que era diferente.

No necesitó que le explicara nada.

Me miró durante unos segundos y me dijo:

«Esta vez te he visto caerte de verdad con la moto y no llevas ni un arañazo. Antes venías con golpes y decías que te habías caído con la moto».

Creo que esa frase se me quedó grabada porque, en realidad, era la conversación que nunca habíamos tenido.

Mi madre sabía.

Yo sabía que probablemente ella sabía.

Pero ninguna de las dos había encontrado el momento, las palabras o quizá el valor para sentarnos y hablar de ello.

Si estás viviendo violencia y todavía no se lo has contado a nadie

Hoy, cuando miro atrás, entiendo mucho mejor por qué me costó tanto pedir ayuda.

Había miedo, vergüenza, confusión y una necesidad enorme de creer que aquello podía cambiar. También estaba esa voz que tantas veces aparece cuando estás dentro de una relación que te hace daño: «No es para tanto», «solo ha sido esta vez», «él también lo está pasando mal», «yo también he hecho cosas mal», «quizá estoy exagerando».

Y cuanto más tiempo pasa, más difícil puede resultar reconocer ante otra persona que necesitas ayuda.

Porque contarlo significa hacerlo real.

Durante mucho tiempo pensé que para pedir ayuda tenía que tenerlo todo claro. Tenía que saber si quería separarme, qué iba a pasar con mis hijos, dónde iba a vivir, cómo iba a pagar las cosas, qué iba a ocurrir con la casa o cómo iba a ser mi vida después del divorcio.

Hoy sé que no necesitas tener todas esas respuestas para pedir ayuda.

Puedes empezar simplemente diciendo: «No estoy bien y no sé qué hacer».

Si estás viviendo violencia, control, miedo, amenazas, humillaciones o cualquier otra forma de maltrato dentro de tu relación, buscar ayuda profesional puede ser un primer paso aunque todavía no hayas decidido separarte, denunciar o tomar ninguna decisión definitiva.

Si necesitas ayuda

En España, el 016 ofrece información, asesoramiento jurídico y atención psicosocial inmediata a mujeres que sufren violencia contra las mujeres.

Es un servicio gratuito y confidencial. También puedes contactar a través de WhatsApp en el 600 000 016, además de otros canales de atención.

Si existe una situación de emergencia o peligro inmediato, llama al 112.

Información oficial sobre el 016

Pedir ayuda no significa que tengas que tomar una decisión ese mismo día.

Significa que no tienes por qué seguir intentando resolverlo todo sola.

Cuando empiezas a pensar en separarte

Creo que esta es también una de las partes que menos se cuentan.

Porque pensar en separarte no siempre significa estar preparada para separarte.

A veces significa simplemente empezar a imaginar cómo sería tu vida si pudieras vivir de otra manera.

Y entonces aparecen muchas preguntas: qué pasará con los niños, con la casa, con la hipoteca, con el dinero, con los horarios, con la familia, con lo que pensarán los demás, con el miedo a equivocarte o con la posibilidad de arrepentirte.

Yo también tuve miedo.

Y hoy, cuando acompaño a mujeres que están pensando en separarse o que ya han dado el paso, intento recordar siempre algo que me habría gustado que alguien me dijera entonces: no tienes que resolver toda tu vida de una vez.

Puedes empezar por hablar. Por informarte. Por pedir ayuda. Por entender qué estás viviendo. Por conocer tus opciones. Por buscar apoyo emocional y, cuando sea necesario, asesoramiento jurídico especializado.

No tienes que llegar al momento de la separación completamente preparada.

Puedes ir construyendo el camino mientras avanzas.

Lo que hice con todo aquel silencio

Con el paso de los años, todo aquel silencio terminó transformándose también en una parte importante de lo que hago hoy.

Me ha servido para crear MATERMUR, para acompañar a otras mujeres y para intentar construir espacios en los que puedan hablar sin tener que demostrar que lo que están viviendo es suficientemente grave, suficientemente importante o suficientemente evidente como para merecer ayuda.

Porque quizá eso es lo que más me habría gustado encontrar entonces: un lugar en el que pudiera decir «me está pasando esto» y que alguien simplemente me escuchara.

Sin juzgarme.

Sin minimizarlo.

Sin preguntarme por qué había aguantado tanto.

Por eso, si estás atravesando una separación, pensando en separarte o intentando entender si lo que estás viviendo dentro de tu relación es violencia, no tienes que hacerlo todo sola.

Puedes buscar apoyo emocional, asesoramiento jurídico y recursos especializados. Y puedes empezar por una conversación.

Una conversación sencilla.

«Me está pasando esto».

MATERMUR: un espacio para no atravesarlo sola

MATERMUR nace precisamente de esa necesidad: crear una red de apoyo para mujeres y madres que atraviesan procesos de separación, divorcio y situaciones familiares difíciles.

Un espacio para hablar, compartir, aprender y sentirse acompañada sin juicios.

Conoce MATERMUR y nuestros espacios de apoyo →

La conversación que ahora sí puedo tener

Durante mucho tiempo pensé que necesitaba tener aquella conversación con alguien más. Con mi madre, con una amiga, con mi hermana. Y sí, probablemente la necesitaba. Me habría ayudado muchísimo poder contar lo que estaba viviendo y sentir que no tenía que cargar con ello sola.

Pero hoy me doy cuenta de que había otra conversación que también necesitaba tener.

La conversación conmigo misma.

Necesitaba dejar de preguntarme por qué no lo hice antes y empezar a entender que aquella mujer hizo lo que pudo con las herramientas que tenía. Necesitaba dejar de juzgarla por haber escondido los golpes, por haber dicho que se había caído con la moto, por haber pensado que quizá no era para tanto o por haber tardado tanto en pedir ayuda.

Hoy, cuando miro hacia atrás, no quiero reprocharle nada.

Quiero sentarme a su lado y decirle que no fue culpa suya. Que no tenía que haber sabido qué hacer. Que no tenía que haber podido sola. Que no tenía que haber encontrado las palabras antes. Que hizo lo que pudo para sobrevivir a una situación que no sabía cómo manejar.

Y que, aunque aquella conversación llegó muchos años tarde, ahora sí puedo tenerla.

Con ella.

Con la mujer que fui.

Y puedo decirle algo que durante mucho tiempo no supe decir:

Te perdono.


Si has llegado hasta aquí y algo de esta historia te resulta demasiado familiar, no tienes que saber todavía qué decisión vas a tomar. A veces el primer paso es simplemente poder decirle a alguien: «Me está pasando esto».

8/11/26

Llevamos tiempo haciéndolo. Ahora queremos darle un espacio propio.

Hay cosas que son difíciles de explicar si no las has vivido. Y una separación es una de ellas.

Puedes tener amigas, familia, trabajo, hijos, gente que te quiere y que está ahí para ti y, aun así, sentirte muy sola. Puedes estar rodeada de personas y sentir que no tienes con quién hablar de determinadas cosas. Porque hay conversaciones que son difíciles de tener con quien no ha pasado por algo parecido.



Y esto es precisamente una de las cosas que más he visto desde que existe MATERMUR.

Como coach y como directora de la asociación he tenido la oportunidad de escuchar a muchas mujeres. He escuchado sus historias, sus miedos, sus enfados, sus dudas, sus momentos de fuerza y también esos momentos en los que simplemente dicen: “Hoy no puedo más”.

Y hace tiempo que dentro de MATERMUR empezamos a hacer algo que, en realidad, no tenía un propósito concreto.

Quedábamos.

Nos veíamos. Hablábamos. Tomábamos un café. Cada una llegaba con su historia, con su momento, con sus cosas. Algunas hablaban mucho, otras menos. Algunas necesitaban contar algo y otras simplemente necesitaban estar allí.

Y poco a poco me fui dando cuenta de que precisamente ahí estaba el propósito.

En realidad, no necesitábamos tener un taller preparado. No necesitábamos que alguien viniera a enseñarnos nada. No necesitábamos salir de allí con una solución, con una tarea para casa o con una respuesta.

Necesitábamos vernos.

Necesitábamos sentirnos escuchadas.

Necesitábamos tener un rincón donde poder llegar como estuviéramos ese día y saber que lo que allí ocurriera iba a tener contención e intención.

Contención para cuando una llega rota, cansada, enfadada o simplemente desbordada.

E intención porque no se trata solamente de juntarnos por juntarnos. Se trata de crear un espacio cuidado, donde podamos escucharnos, acompañarnos y construir poco a poco una red entre mujeres que están atravesando situaciones que, aunque sean diferentes, muchas veces tienen algo en común.

Y ahora queremos hacerlo una vez al mes

Después de comprobar lo que ocurre cuando simplemente nos damos ese espacio, estamos organizando un nuevo formato dentro de MATERMUR: un encuentro mensual, el primer viernes de cada mes.

No será una terapia. No será un taller. No será una charla. Y tampoco será necesario venir con ningún objetivo concreto.

Será un lugar para estar. Para hablar si quieres hablar. Para escuchar si ese día necesitas escuchar. Para compartir algo que llevas dentro. Para reírte. Para llorar. Para contar algo que te ha pasado durante la semana. Para escuchar la historia de otra mujer y pensar: "A mí también me pasa". 

Porque hay días en los que necesitas que alguien te diga qué hacer y hay otros en los que lo único que necesitas es que alguien se siente a tu lado y te escuche.

Y creo que hemos encontrado algo muy valioso en eso.

Que una mujer pueda entrar por la puerta pensando que está sola y salir sabiendo que hay otras personas que la entienden.

Que pueda encontrar una amiga. Una compañera de camino. Una persona a la que escribir un martes por la noche. O simplemente saber que existe un lugar al que puede volver el mes siguiente.

Un viernes al mes. Un rincón para nosotras.

La idea es empezar a darle continuidad a estos encuentros a partir de septiembre. Las primeras fechas que estamos organizando son:

📅 4 de septiembre

📅 2 de octubre

📅 6 de noviembre

📅 4 de diciembre

Ahora mismo estamos buscando el lugar y organizando los detalles. Y para hacerlo necesitamos saber cuántas mujeres estarían interesadas en participar, porque queremos encontrar un espacio que sea cómodo, accesible y que nos permita mantener precisamente esa sensación de cercanía que buscamos.

Pero hay algo más que me gustaría conseguir con esta publicación.

Que llegue a las mujeres que necesitan encontrar este rincón.

Quizá tú no seas una mujer separada. Quizá ya hayas pasado por esa etapa. Quizá tengas una amiga, una hermana, una compañera de trabajo, una vecina o una conocida que ahora mismo esté atravesando una separación y necesite simplemente encontrar un lugar donde no tenga que explicar demasiado.

Por eso, si mientras lees esto te viene alguien a la cabeza, compárteselo. Mándaselo por WhatsApp. Compártelo en tu grupo de amigas, en tu asociación, en tu grupo de madres, en tu centro de trabajo o con cualquier persona que pueda ayudarnos a que esto llegue a quien lo necesita.

Y si eres una asociación, un ayuntamiento, un centro social, una institución o una entidad que puede ayudarnos a encontrar un espacio o a dar visibilidad a esta iniciativa, también nos encantará escucharte.

Porque esto no va solamente de organizar una actividad más.

Va de algo que para mí es mucho más importante: crear comunidad.

Crear un lugar donde no tengamos que estar bien todo el tiempo. Donde no tengamos que ser fuertes todo el tiempo. Donde podamos llegar con nuestra vida tal y como está y saber que, al menos durante un rato, estamos en un lugar seguro.

Un lugar donde lo que nos pasa tenga espacio.

Donde lo que sentimos tenga escucha.

Y donde todo lo que ocurra tenga contención e intención.

Porque quizá no podamos solucionar la vida de otra mujer.

Pero podemos sentarnos a su lado.

Podemos escucharla.

Podemos decirle que la entendemos.

Y podemos recordarle algo que a veces, cuando estamos pasando por una separación, se nos olvida:

“No tienes que pasar por esto sola.” 💜

MATERMUR
Asociación de Madres Separadas y Divorciadas de Murcia

Próximos encuentros: 4 de septiembre · 2 de octubre · 6 de noviembre · 4 de diciembre

Primer viernes de cada mes.
Lugar y horario: por determinar.

Si quieres participar, colaborar con esta iniciativa o ayudarnos a darle difusión, puedes ponerte en contacto con MATERMUR.

3/24/26



Como coach emocional y fundadora de Matermur, llevo más de 5 años acompañando a mujeres que se enfrentan a la difícil decisión de separarse o divorciarse. 
He visto la confusión, el miedo y la culpa que muchas sienten en esos primeros momentos, y sé lo abrumador que puede ser. Por eso quiero compartir mi experiencia y la de muchas mujeres que forman parte de Matermur, para que sepas que no estás sola y que hay formas de avanzar con claridad y seguridad.

como tomar la decisión de divorciarme sin culpa


1. Escucha tus emociones y date tiempo

Recuerdo a Laura, una de nuestras socias, que llegó a Matermur sintiéndose atrapada y culpable por pensar en separarse. Lo primero que hicimos fue trabajar en reconocer sus emociones: miedo, tristeza y confusión. En Matermur, tanto en nuestros encuentros presenciales como en las sesiones online, animamos a las mujeres a parar, respirar y escuchar lo que realmente sienten antes de tomar cualquier decisión.

2. Reflexiona sobre tu bienestar y el de tus hijos

Muchas mujeres nos dicen: “No quiero separarme porque afectará a mis hijos”. He aprendido que los niños se benefician más de padres felices y equilibrados que de una convivencia basada en tensión y conflictos. En nuestras sesiones presenciales y online, exploramos juntas cómo priorizar el bienestar de cada miembro de la familia, buscando soluciones que minimicen el impacto en ellos.

3. Busca apoyo antes de decidir

No tienes que decidir sola. En Matermur, conectamos a las mujeres con grupos de apoyo, talleres y coaching individual. Desde mi experiencia, quienes buscan consejo y acompañamiento sienten más seguridad y claridad al dar este paso. Las historias que compartimos en nuestras sesiones son un recordatorio de que no estás sola y que hay caminos posibles.

4. Date permiso para poner límites

Recuerdo a Carmen, que sentía miedo de ser juzgada por su familia. Trabajamos en Matermur para que identificara sus necesidades y aprendiera a poner límites saludables, tanto con su ex pareja como con su entorno. Decidir separarte no es egoísta: es un acto de autocuidado que protege tu equilibrio emocional y el de tus hijos.

Conclusión:

Tomar la decisión de divorciarte no es fácil y no existe la opción perfecta. Pero con apoyo, información y acompañamiento, puedes dar pasos conscientes que te acerquen a tu bienestar. En Matermur trabajamos tanto de forma presencial como online, ofreciendo un espacio seguro donde cada mujer puede compartir, aprender y fortalecerse. Estoy aquí para acompañarte y ayudarte a sentir claridad y confianza en tu proceso.

1/27/26

Guía práctica para descargar tu informe de solvencia patrimonial (CIRBE) en el Banco de España. Paso a paso, sin complicaciones.



Si estás leyendo esto, probablemente necesitas saber qué deudas tienes registradas o simplemente quieres revisar tu historial para tenerlo todo bajo control. Y sí: es algo que se puede hacer en 5 minutos, sin dramas y sin complicaciones.

En España, el historial crediticio oficial lo gestiona el Banco de España, y se conoce como Informe de Solvencia Patrimonial (también llamado Informe CIRBE).

Este informe recoge los créditos y préstamos que tienes con entidades financieras, con el saldo pendiente y la entidad con la que lo tienes.

 

✅ ¿Qué es el informe CIRBE?

El informe CIRBE es un documento que te muestra:

·         Préstamos personales

·         Hipotecas

·         Líneas de crédito

·         Tarjetas con financiación

·         Saldo pendiente

·         Entidades con las que tienes deuda

Ojo: no incluye compras con tarjeta del día a día, ni compras de comercios. Solo deudas con bancos y entidades financieras.

 

🧾 ¿Para qué sirve?

Este informe es útil para:

·         Saber cuánto debes realmente

·         Revisar que no haya errores

·         Ver si te están cobrando algo que no deberías

·         Prepararte si vas a pedir un préstamo o hipoteca

·         Tener control financiero (y eso siempre es poder)

 

💡 Cómo descargarlo (paso a paso)

Hay varias formas de conseguirlo, pero la más rápida y cómoda es online.

1️ Descarga online (lo más fácil)

✔️ Paso 1: Accede a la sede del Banco de España

Entra en la web oficial del Banco de España y busca la sección:

👉 “Información de solvencia patrimonial” o “CIRBE”

✔️ Paso 2: Identifícate

Necesitas una forma de identificación digital:

·         Cl@ve

·         Certificado digital

·         DNIe

✔️ Paso 3: Solicita el informe

Una vez dentro, selecciona “Informe de solvencia patrimonial (CIRBE)” y descárgalo en PDF.

 

2️ Si no tienes Cl@ve o certificado: presencial

Si no tienes acceso digital, puedes solicitarlo en persona:

📍 En una oficina del Banco de España, con tu DNI/NIE.

Es posible que te pidan cita previa, así que mejor que lo compruebes antes.

 

3️ Solicitud por correo postal

Si prefieres hacerlo por correo, puedes enviar una solicitud firmada y una copia del DNI/NIE.

📬 El informe llegará a tu domicilio en unos días.

 

⚠️ Datos importantes que debes saber

📌 El informe no incluye tu historial de compras con tarjeta
Solo incluye créditos y préstamos con entidades financieras.

📌 No te preocupes si ves algo raro
Si detectas un error, puedes reclamarlo y corregirlo.

📌 No es algo malo tener CIRBE
Tener un crédito registrado es normal. Lo importante es que esté correcto y controlado.

 

🧠 Consejo de NoEsUnDrama

Esto no es para asustarte, es para empoderarte.
Tener tu informe crediticio a mano te da claridad, te permite planificar mejor y te ayuda a tomar decisiones con más seguridad.

 

Si te ha servido este post, compártelo o déjame un comentario abajo.
Y recuerda: tu economía no es un drama, es una herramienta.

 


10/08/25

Divorciarte no es el final, es el comienzo de una nueva versión de ti.

Lo sé, puede doler leerlo. Pero también sé que, detrás del caos, hay una calma que está esperando a que la reclames. 
Este momento, aunque duela, es tu oportunidad para redibujar tu vida con intención. Y para eso, te propongo algo sencillo, bonito y poderoso: crear tu Vision Board del divorcio.

No hace falta que tengas todo claro. Lo único que necesitas es ganas de empezar a imaginar cómo quieres vivir de ahora en adelante.


¿Qué es un Vision Board del divorcio?

Un Vision Board (o tablero de inspiración en castellano) es como una brújula hecha con imágenes, frases y colores que representan la vida que quieres construir después del divorcio. Es una manera de ponerle forma a tus sueños cuando todavía todo parece un poco nublado.

No es magia, pero casi. Porque cuando lo miras cada día, tienes una guía y algo dentro de ti empieza a creer que esa nueva vida es posible. Y cuando crees, empiezas a actuar diferente. 

Lo miras y piensas: “Esto es hacia donde voy. Esto es lo que estoy creando.”

Y por eso hoy te voy a enseñar a hacer el tuyo propio, porque no se trata de saberlo todo, sino de saber por donde empezar y tener una guía tuya propia para saber qué decisiones tomar en el futuro, preguntándote ¿esto me acerca o me aleja de mi objetivo?

Paso 1. Conecta contigo antes de empezar

Antes de recortar imágenes o abrir Pinterest, date un momento para escucharte, elige tu música favorita, busca un rincón de tu casa que te guste especialmente, un cuaderno y un boli y empieza a escucharte, ahora respira y pregúntate:

  • ¿Qué necesito en esta nueva etapa?
  • ¿Cómo quiero sentirme?
  • ¿Qué cosas ya no quiero repetir?

No pienses tanto en el “qué quiero tener”, sino en el cómo quiero vivir. Tal vez lo que más anhelas ahora sea paz, libertad, ilusión o simplemente sentirte tú otra vez. Esas palabras serán el corazón de tu tablero.

Paso 2. Elige los temas que quieres reflejar

Tu Vision Board puede tener tantas áreas como tú necesites. Aquí te dejo algunas ideas para inspirarte:

  • Emociones: cómo quiero sentirme cada día.
  • Hogar: cómo quiero que sea mi espacio: seguro, luminoso, mío.
  • Finanzas: seguridad, independencia, estabilidad.
  • Familia o hijos: vínculos sanos, presencia y calma.
  • Yo misma: autocuidado, autoestima, confianza.
  • Relaciones: respeto, ternura y conexión real.

No es una lista de tareas, es una declaración de intenciones. Quédate con lo que te haga vibrar, no con lo que creas que “debería estar”.

Paso 3. Busca imágenes y frases que te inspiren

Aquí viene la parte más divertida. Busca imágenes, palabras o colores que te hagan sonreír, suspirar o sentir esperanza. Esas son las señales de que vas por buen camino.

Puedes hacerlo en papel (revistas, impresiones, post-its) o de forma digital (en Canva o Pinterest). No busques perfección, busca emoción. Si te hace sentir bien, va dentro.

Paso 4. Escribe tus frases en presente

Cuando pongas tus afirmaciones, escríbelas como si ya estuvieras viviendo esa nueva etapa:

“Tengo un hogar donde me siento en calma.”
“Confío en mí y en mis decisiones.”
“Estoy construyendo una vida que me representa.”

Porque cada vez que lees algo en presente, tu mente empieza a buscar cómo hacerlo realidad. Y ahí está el verdadero poder del Vision Board.

Paso 5. Colócalo donde puedas verlo cada día

Tu Vision Board no está para decorar, está para enfocarte y recordarte que es posible. Ponlo donde puedas verlo cada día: tu habitación, tu escritorio o como fondo de pantalla del móvil.

Míralo cuando te sientas cansada o cuando dudes. No para presionarte, sino para decirte: “Estoy en camino. Estoy haciéndolo bien.”

En resumen

Crear tu Vision Board del divorcio es una forma bonita y poderosa de volver a creer en ti. Te ayuda a pasar del miedo a la dirección, del vacío a la ilusión. No se trata de olvidar el pasado, sino de abrirte con amor a lo que viene.

Y si sientes que necesitas un acompañamiento más profundo, alguien que te ayude a ordenar emociones, prioridades y decisiones, estoy aquí para ti. 💛

En mi programa CONFÍA te acompaño paso a paso a reconstruir tu vida con calma, seguridad y claridad.

👉 Agenda tu reunión gratuita de valoración

9/17/25

 ¿Sientes que tu cuerpo no da más desde que empezó tu divorcio?

Taquicardia, insomnio, tensión… No es solo emocional. Es físico. Tu sistema nervioso está en alerta.

🎥 En este directo, @somatiksoul (terapeuta experta en trauma y regulación nerviosa) y yo (coach especializada en divorcio) te explicamos:

🧠 Qué le pasa a tu cuerpo cuando atraviesas una separación

⚡ Por qué te cuesta tanto concentrarte, dormir o tomar decisiones

🌿 Y cómo empezar a calmar tu sistema desde hoy


No estás loca. No estás sola. Estás en proceso. Y se puede salir con calma y conciencia.

💬 Cuéntanos si tú también lo estás sintiendo.

📌 Guarda este vídeo. Lo vas a necesitar más de una vez.


Si estás escuchando este episodio y aún no has dado el paso, quiero hablarte de algo muy especial: el programa Confía.

Confía es un acompañamiento de 8 semanas, diseñado para mujeres que están atravesando un divorcio y quieren hacerlo de manera consciente, en calma y con claridad, cuidando no solo su bienestar emocional, sino también el de su familia y su economía.

Durante estas 8 semanas:

  • Parte emocional: trabajaremos tus emociones y las de tu familia, para gestionar el cambio con calma y proteger los vínculos importantes.

  • Parte legal: te acompañaré desde mi experiencia como mediadora, ayudándote a comprender el proceso y tomar decisiones informadas sin miedo ni incertidumbre.

  • Parte financiera: aplicaremos el coaching emocional para organizar tu economía, planificar tu futuro y tomar decisiones financieras correctas para ti y tus hijos.

Confía no es solo un programa, es un espacio seguro donde otras mujeres, como tú, comparten su camino, se sienten acompañadas y descubren que el divorcio puede ser el inicio de una nueva vida, donde tú decides tu bienestar emocional, legal y financiero, sin drama.

Si quieres saber más o apuntarte, escríbeme por Whastapp.  Comencemos juntas este viaje, paso a paso, para que tu proceso sea más tranquilo, consciente y transformador en todos los ámbitos de tu vida.



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