Violencia de género

10/03/26

La conversación que nunca tuve: violencia en pareja, separación y pedir ayuda

Hay conversaciones que llegan muchos años tarde. Y, cuando por fin ocurren, te das cuenta de que llevabas mucho tiempo necesitándolas.

sufrir violencia de genero en silencio


El otro día me preguntaron cómo fueron los primeros meses de mi separación. Me quedé pensando porque, aunque han pasado ya unos cuantos años, la verdad es que no tengo un recuerdo demasiado nítido de aquella época. Recuerdo algunas cosas, algunas conversaciones, algunas decisiones que tuve que tomar, pero si intento reconstruir aquellos primeros meses de mi separación, hay muchas lagunas.

No sé si porque mi cabeza necesitaba protegerme, centrarse en sobrevivir y dejar atrás todo aquello lo antes posible, o porque realmente la persona que soy hoy y la que estaba viviendo aquellos momentos eran prácticamente dos personas diferentes.

Y aquella pregunta terminó llevándome a otro momento de mi vida. A una conversación que ocurrió muchos años después, pero que, en realidad, llevaba muchísimo tiempo esperando.

La Navidad pasada tuve una conversación con mi familia y con algunas de mis amigas. Estábamos hablando de aquellos años, de lo que había ocurrido, de lo que cada una había visto o intuido y de todas esas cosas que, aunque estaban delante de nuestros ojos, durante mucho tiempo nadie se atrevió a poner en palabras.

Mientras hablábamos pensé que aquella era la conversación que me habría gustado tener muchos años antes.

Porque hay situaciones en las que ocurre algo muy extraño: todos sabemos que algo está pasando, pero nadie lo dice. Tú sabes que algo está pasando, tu familia lo sabe, tus amigas probablemente también lo saben, pero existe una especie de silencio alrededor de todo aquello.

Y ese silencio puede durar mucho tiempo.

Cuando sabes que algo no está bien, pero todavía no puedes decirlo

A mí me habría encantado poder sentarme en aquel momento con una amiga, con mi madre, con mi hermana o con cualquier persona en la que confiara y decirle simplemente: «Me está pasando esto».

Sin sentir que me iban a juzgar. Sin miedo a lo que pudiera ocurrir después. Sin pensar que estaba metiéndolas a ellas en un problema que no les correspondía.

Durante mucho tiempo tuve la sensación de que lo que estaba pasando era mío y que, por tanto, era yo quien tenía que solucionarlo.

Creo que esto es algo que muchas mujeres que viven violencia dentro de su pareja pueden entender. No siempre existe un momento concreto en el que una piensa: «Estoy sufriendo violencia».

A veces empiezas pensando que tienes problemas de pareja. Que discutís demasiado. Que la relación está pasando por una mala época. Que quizá tú también estás haciendo cosas mal. Que quizá si cambias algunas cosas, él cambiará también.

Y mientras intentas entender qué está pasando, empiezas a esconderlo.

Yo también lo hice.

Cuando empecé a esconder la violencia

Cuando empecé a sufrir violencia, también empecé a esconderme. No ocurrió de un día para otro, sino poco a poco. Dejé de salir tanto, hablaba menos, ponía más excusas y me alejaba de las personas que tenía cerca.

Cuanto más difícil era la situación, más aprendía a ocultarla.

Recuerdo especialmente un día en el que llevaba un golpe. Creo que fue uno de los pocos momentos en los que el golpe era suficientemente visible como para que alguien pudiera preguntarme qué había pasado.

Y alguien me preguntó.

Yo dije que me había caído con la moto.

Lo dije y ya está.

No sé si aquella persona me creyó o simplemente decidió no preguntar más. Pero yo había encontrado una explicación que me permitía seguir adelante sin tener que contar lo que realmente estaba ocurriendo.

Años después tuve una caída con la moto de verdad.

Y aquella vez mi madre me miró y supo inmediatamente que era diferente.

No necesitó que le explicara nada.

Me miró durante unos segundos y me dijo:

«Esta vez te he visto caerte de verdad con la moto y no llevas ni un arañazo. Antes venías con golpes y decías que te habías caído con la moto».

Creo que esa frase se me quedó grabada porque, en realidad, era la conversación que nunca habíamos tenido.

Mi madre sabía.

Yo sabía que probablemente ella sabía.

Pero ninguna de las dos había encontrado el momento, las palabras o quizá el valor para sentarnos y hablar de ello.

Si estás viviendo violencia y todavía no se lo has contado a nadie

Hoy, cuando miro atrás, entiendo mucho mejor por qué me costó tanto pedir ayuda.

Había miedo, vergüenza, confusión y una necesidad enorme de creer que aquello podía cambiar. También estaba esa voz que tantas veces aparece cuando estás dentro de una relación que te hace daño: «No es para tanto», «solo ha sido esta vez», «él también lo está pasando mal», «yo también he hecho cosas mal», «quizá estoy exagerando».

Y cuanto más tiempo pasa, más difícil puede resultar reconocer ante otra persona que necesitas ayuda.

Porque contarlo significa hacerlo real.

Durante mucho tiempo pensé que para pedir ayuda tenía que tenerlo todo claro. Tenía que saber si quería separarme, qué iba a pasar con mis hijos, dónde iba a vivir, cómo iba a pagar las cosas, qué iba a ocurrir con la casa o cómo iba a ser mi vida después del divorcio.

Hoy sé que no necesitas tener todas esas respuestas para pedir ayuda.

Puedes empezar simplemente diciendo: «No estoy bien y no sé qué hacer».

Si estás viviendo violencia, control, miedo, amenazas, humillaciones o cualquier otra forma de maltrato dentro de tu relación, buscar ayuda profesional puede ser un primer paso aunque todavía no hayas decidido separarte, denunciar o tomar ninguna decisión definitiva.

Si necesitas ayuda

En España, el 016 ofrece información, asesoramiento jurídico y atención psicosocial inmediata a mujeres que sufren violencia contra las mujeres.

Es un servicio gratuito y confidencial. También puedes contactar a través de WhatsApp en el 600 000 016, además de otros canales de atención.

Si existe una situación de emergencia o peligro inmediato, llama al 112.

Información oficial sobre el 016

Pedir ayuda no significa que tengas que tomar una decisión ese mismo día.

Significa que no tienes por qué seguir intentando resolverlo todo sola.

Cuando empiezas a pensar en separarte

Creo que esta es también una de las partes que menos se cuentan.

Porque pensar en separarte no siempre significa estar preparada para separarte.

A veces significa simplemente empezar a imaginar cómo sería tu vida si pudieras vivir de otra manera.

Y entonces aparecen muchas preguntas: qué pasará con los niños, con la casa, con la hipoteca, con el dinero, con los horarios, con la familia, con lo que pensarán los demás, con el miedo a equivocarte o con la posibilidad de arrepentirte.

Yo también tuve miedo.

Y hoy, cuando acompaño a mujeres que están pensando en separarse o que ya han dado el paso, intento recordar siempre algo que me habría gustado que alguien me dijera entonces: no tienes que resolver toda tu vida de una vez.

Puedes empezar por hablar. Por informarte. Por pedir ayuda. Por entender qué estás viviendo. Por conocer tus opciones. Por buscar apoyo emocional y, cuando sea necesario, asesoramiento jurídico especializado.

No tienes que llegar al momento de la separación completamente preparada.

Puedes ir construyendo el camino mientras avanzas.

Lo que hice con todo aquel silencio

Con el paso de los años, todo aquel silencio terminó transformándose también en una parte importante de lo que hago hoy.

Me ha servido para crear MATERMUR, para acompañar a otras mujeres y para intentar construir espacios en los que puedan hablar sin tener que demostrar que lo que están viviendo es suficientemente grave, suficientemente importante o suficientemente evidente como para merecer ayuda.

Porque quizá eso es lo que más me habría gustado encontrar entonces: un lugar en el que pudiera decir «me está pasando esto» y que alguien simplemente me escuchara.

Sin juzgarme.

Sin minimizarlo.

Sin preguntarme por qué había aguantado tanto.

Por eso, si estás atravesando una separación, pensando en separarte o intentando entender si lo que estás viviendo dentro de tu relación es violencia, no tienes que hacerlo todo sola.

Puedes buscar apoyo emocional, asesoramiento jurídico y recursos especializados. Y puedes empezar por una conversación.

Una conversación sencilla.

«Me está pasando esto».

MATERMUR: un espacio para no atravesarlo sola

MATERMUR nace precisamente de esa necesidad: crear una red de apoyo para mujeres y madres que atraviesan procesos de separación, divorcio y situaciones familiares difíciles.

Un espacio para hablar, compartir, aprender y sentirse acompañada sin juicios.

Conoce MATERMUR y nuestros espacios de apoyo →

La conversación que ahora sí puedo tener

Durante mucho tiempo pensé que necesitaba tener aquella conversación con alguien más. Con mi madre, con una amiga, con mi hermana. Y sí, probablemente la necesitaba. Me habría ayudado muchísimo poder contar lo que estaba viviendo y sentir que no tenía que cargar con ello sola.

Pero hoy me doy cuenta de que había otra conversación que también necesitaba tener.

La conversación conmigo misma.

Necesitaba dejar de preguntarme por qué no lo hice antes y empezar a entender que aquella mujer hizo lo que pudo con las herramientas que tenía. Necesitaba dejar de juzgarla por haber escondido los golpes, por haber dicho que se había caído con la moto, por haber pensado que quizá no era para tanto o por haber tardado tanto en pedir ayuda.

Hoy, cuando miro hacia atrás, no quiero reprocharle nada.

Quiero sentarme a su lado y decirle que no fue culpa suya. Que no tenía que haber sabido qué hacer. Que no tenía que haber podido sola. Que no tenía que haber encontrado las palabras antes. Que hizo lo que pudo para sobrevivir a una situación que no sabía cómo manejar.

Y que, aunque aquella conversación llegó muchos años tarde, ahora sí puedo tenerla.

Con ella.

Con la mujer que fui.

Y puedo decirle algo que durante mucho tiempo no supe decir:

Te perdono.


Si has llegado hasta aquí y algo de esta historia te resulta demasiado familiar, no tienes que saber todavía qué decisión vas a tomar. A veces el primer paso es simplemente poder decirle a alguien: «Me está pasando esto».

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